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El texto griego

A partir de la segunda edición de este libro, el texto griego que acompaña a la versión traducida ha sido elaborado por nosotros a partir del contraste de las ediciones de H. Van Thiel (Homeri Ilias, Hieldesheim: Olms, 1996), M. L. West (Homeri Ilias, 2 vols., Munich: K. G. Saur, 2006), y J. García Blanco y L. M. Macía Aparicio (Homero. Ilíada, vol. 1: Cantos I-III, reimpresión, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2014), a las que deben agregarse también las de K. F. Ameis y C. Hentze (Homers Ilias, 2 vols, Leipzig: Teubner, 1894-1906), W. Leaf (The Iliad, edited, with apparatus criticus, prolegomena, notes, and appendices, London: Macmillan, 1900) y, por supuesto, T. W. Allen (Homeri Ilias, Oxford: Clarendon Press, 1931). Al primer grupo de editores nos referiremos en los comentarios como los “editores contemporáneos”, mientras que al conjunto de los aludidos nos referiremos como los “editores modernos”.

A pesar de que el texto griego que imprimimos es propio y de que hemos hecho un trabajo de análisis textual para producirlo, no hemos elaborado una edición crítica, primero, porque hacerlo implicaría un esfuerzo inmenso que, en esta etapa del desarrollo de una nueva traducción anotada, no consideramos prioritario y, segundo y mucho más importante, porque, como puede verse en la lista de publicaciones de arriba, en los últimos veinticinco años el poema ha sido editado tres veces por académicos de primer nivel, que ofrecen tres enfoques distintos y complementarios para el trabajo. Por si esto fuera poco, las ediciones previas citadas son también ejemplos de excelentísimo rigor filológico, aplicado a un texto cuya transmisión ha sido casi prístina. Una nueva edición de Ilíada, que hasta hace un par de décadas era hasta cierto punto necesaria por la cantidad inmensa de papiros publicados durante el siglo XX, hoy sería completamente ociosa; una edición de un único canto lindaría con lo ridículo.

Todas las decisiones textuales que hemos tomado se justifican en los comentarios, que incluyen también consideraciones de alcance amplio, como el tratamiento de los diptongos en ευ (VER Com. 1.88) o de los adverbios del tipo κρέσσων (VER Com. 1.80). Como criterio general, hemos intentado ser conservadores respecto a lo que se transmite en los manuscritos, evitando la adopción de conjeturas o modificaciones a lo que se halla en ellos, así como privilegiado, cuando ha sido posible, las lecciones mayoritarias. De todos modos y como ya se ha observado, Ilíada es un texto bien conservado, sin problemas significativos que impliquen cambios sustanciales entre las distintas ediciones a intervalos regulares. La sencilla verdad es que, en todo el canto 1, casi no hay una sola determinación de carácter textual que afecte el contenido más que marginalmente.

A esto debe agregarse que, a diferencia de lo que sucede en otros casos, en la poesía oral muchas de las variantes que encontramos pueden ser “falsas dicotomías”, es decir, pares de alternativas que se cantarían en diferentes ocasiones. No pretendemos implicar con esto, como los adherentes a la teoría multitextual (cf. http://www.homermultitext.org/about), que las variantes en nuestra tradición manuscrita de Ilíada sean producto de esa variación entre performances, pero no es necesario afirmar semejante cosa para admitir, por ejemplo, que las alternativas πᾶσι y δαῖτα para 1.5, indiscutiblemente ya presentes en los textos antiguos (discutieron sobre ellas Zenódoto y Aristarco, apud Ateneo, 1.21.26-37), pueden haber aparecido en diferentes representaciones. El error que puede cometer un copista es indiscernible para nosotros de las variaciones entre las performances rapsódicas, y esto hace de las alternancias que el primero puede producir falsas dicotomías producto de la lógica textual, que no es la del poema.

De más está decir que tener conciencia de esto no supone evadir las discusiones respecto a qué variantes imprimir, dado que, aunque se reconozca que ambas son aceptables y ambas habrían sido posibles en una performance, solo una de las disponibles puede ser la que gana un lugar en el cuerpo del texto (al menos en el estado actual de lo que llamamos “el texto”). Por mucho que uno insista en que πᾶσι y δαῖτα son ambas plausibles, o que ἄριστος Ἀχαιῶν y ἄριστος ἐνὶ στρατῷ (VER Com. 1.91) son fórmulas intercambiables, la realidad es que se debe optar por una, que, por un lado, será la que la mayor parte de los lectores considerará la “correcta” y, por el otro e incalculablemente más significativo, es la que será traducida.

Como hemos observado más arriba, una nueva edición de Ilíada no es necesaria. Sin embargo, esto es solo en la medida en que uno se restringa a la necesidad desde el punto de vista ecdótico. La realidad es que, dada la cantidad de variantes que han aparecido en papiros en las últimas décadas y la naturaleza oral del poema, es imprescindible avanzar en los años venideros en la elaboración de una edición digital de los textos homéricos, que permita ampliar de forma sistemática las variantes (esto es, no depender de una nueva edición cada vez que la arena nos descubre un nuevo papiro) y que habilite a los receptores a armar su propio texto a partir de las variantes que puedan ser consideradas falsas dicotomías. Hasta hace casi dos siglos, el concepto de aparato crítico no existía, y su introducción produjo una revolución en los estudios filológicos. Pero de eso ha pasado ya demasiado tiempo, y es hora de una nueva.

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