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En debate – Los duales del canto 9 de Ilíada

El presente texto ha sido publicado como apéndice al volumen correspondiente al canto 9 de Ilíada en Ediciones Ilíada Argentina (https://edicionesiliadaargentina.com.ar/volumenes-publicados).

La acumulación de duales en los versos 182-198 del canto 9 de Ilíada es acaso la mayor y más famosa crux interpretativa del poema, y una que, a pesar de haber sido discutida por cientos de años, no ha hallado todavía una solución satisfactoria. En este breve texto introduciré el problema, describiré las posturas que se han ofrecido para resolverlo y culminaré con una nueva propuesta que acaso no sea superadora de las anteriores, pero al menos se apoya en una estrategia alternativa.

Los versos 182-198 del canto 9 constituyen un segmento de transición entre el consejo que se celebra en la tienda de Agamenón (9.89-181), donde se formula el plan de la embajada a Aquiles, y esta, que constituye el episodio central del canto y se extiende hasta el verso 657. En 182-198 el grupo de embajadores se desplaza de una tienda a la otra y es recibido por Aquiles. Este grupo consiste en Fénix, Odiseo, Áyax y dos heraldos, Odio y Euríbato. Nada en esto es especialmente llamativo; sin embargo, en la descripción de este movimiento el poeta introduce ocho grupos de formas de dual, los primeros cinco en boca del narrador y los siguientes tres en boca de Aquiles: τὼ δὲ βάτην [Y ellos dos marcharon] (182), εὐχομένω [rogando] (183), ἱκέσθην [llegaron] (185), τὼ δὲ βάτην προτέρω [ellos dos marcharon delante] (192), τὼ καὶ δεικνύμενος [y recibiendo a los dos] (196), χαίρετον [¡Salud a ambos!], ἱκάνετον [han venido] (197), ἐστον [son] (198). Entre estas formas se utilizan dos verbos en plural, τὸν δ’ εὗρον [y lo encontraron] (186) y στὰν [se pararon] (193), que no añaden demasiada dificultad (el dual y el plural conviven en Homero), pero complican el escenario.

La pregunta, naturalmente, es a quién hacen alusión estas formas de dual, dado que los personajes principales de la embajada son tres, y el grupo completo es de cinco. Se han propuesto numerosas soluciones a la cuestión – enumero solo algunas de las referencias bibliográficas de los siglos XIX y XX, habida cuenta de los estados de la cuestión desarrollados en Hainsworth (1993: 85-87) y Griffin (1995: 51-53), por no mencionar los anteriores que pueden hallarse en otros trabajos citados abajo. Las dos propuestas más antiguas son considerar que los duales valen por plurales (ya el escoliasta D, y entre los modernos ante todo Debrunner, 1926, esp. 16-18) y que el narrador deja de lado a Fénix. Esta segunda visión se registra ya en los escoliastas y ha sido especialmente popular en enfoques analíticos del poema (cf. e.g. Leaf, 1900: 1.371), que interpretan que los duales son un rastro de la versión “original” de la embajada en donde el anciano estaría ausente.

Ambas lecturas son problemáticas. El consenso actual es que la equivalencia dual/plural es imposible ante la voluminosa evidencia lingüística de que no existe en Homero. Si existiera, por lo demás, su uso debería ser suficientemente común como para que este pasaje no resultara problemático, pero en ningún otro lugar se produce un fenómeno comparable, y en casos como 5.487 u 8.73-77 es posible encontrar referencias específicas a los duales que no requieren el forzamiento de la lengua (VER ad 5.487; VER Com. 8.73). La alternativa de asignar los duales a Odiseo y Áyax ha sido, por eso, por mucho la más favorecida de las interpretaciones (tanto Griffin como Hainsworth, de hecho, defienden una versión de ella), en buena medida porque permite cierto grado de flexibilidad explicativa. Los antiguos preferían una versión literaria, con el escoliasta A (ad 9.168) observando, por ejemplo, que Fénix se adelanta a los demás (esto estaría implicado en el πρώτιστα … ἡγησάσθω [que lidere … en primer lugar] de 168) y por eso se utilizan los duales (Griffin: 1995: 51, atribuye esta postura también a Ameis-Hentze, sin especificar fuente, y Chantraine, 1953: 28, pero esto no es lo que extraigo de las palabras de los autores). Aunque uno no puede simplemente desechar esta postura como absurda, sin duda es un forzamiento algo arbitrario del texto para resolver el problema, y no hay ningún indicio fuera de 168 (que es uno por demás débil) de que se conciba que Fénix marcha por separado de los demás embajadores.

La alternativa sostenida por los críticos analistas (incluyendo West, 2011: 1.273-276, en su extraña versión de esta corriente filológica), que los duales son evidencia de que el anciano es un invento tardío, depende de una premisa por demás debatible, a saber, que el poeta iliádico dejó rastros de “versiones anteriores” en su texto. Hoy sabemos que esto es por completo inadmisible en el contexto de una tradición oral, y, aun si se admitiera una teoría sobre la fijación de Ilíada que permitiera esta coexistencia de versiones, no hay ningún otro elemento del texto donde una anterior haya persistido de forma tan grosera.

Antes de pasar a las posturas favorecidas por autores más recientes, dos más merecen breve mención. Primero, la de Nagy (1979: 49-55), que ha sugerido que la explicación de los duales radica en una enemistad tradicional entre Aquiles y Odiseo, que haría que el héroe solo salude a Áyax y Fénix. El evidente contraargumento de que la mayoría de los duales están en boca del narrador ha sido respondido por Martin (1989: 236-237): la asimilación del narrador con Aquiles es tal que este utiliza su perspectiva para hablar de los personajes. No hay un ápice de evidencia para apoyar nada de esto. Ni el narrador homérico se pierde de esa manera en la perspectiva de sus personajes (incluso focalizaciones transparentes no dejan de ser claramente focalizaciones desde una tercera persona), ni está bien fundada la hipótesis de la rivalidad entre Aquiles y Odiseo. Como observa Griffin (1996: 52), por lo demás, sería muy extraño “que el sabio Néstor eligiera como enviado a Aquiles a un hombre que odia.”

La segunda postura que quiero mencionar brevemente es la de Segal (1968), para quien los duales aluden específicamente a los heraldos (Hainsworth, 1993: 86, afirma que “Segal refiere los duales de 182-5 a los heraldos y los de 192-8 a Áyax y Odiseo,” pero esto no es lo que yo interpreto del texto). Aunque el autor defiende con cierto ingenio la postura, el escollo de 198 es demasiado significativo como para ignorarlo de la manera en que Seagal lo hace (cf. esp. pp. 110 y 113): si los heraldos fueran los referentes del dual, ellos deberían ser “los más queridos de los aqueos” para Aquiles, lo que carece por completo de sentido. La razón por la que este trabajo merece mención no radica en su solución, sino en el hecho de que anticipa aspectos metodológicos clave en algunas soluciones más recientes, el primero siendo que los duales son un recurso literario para dirigir la atención sobre algún aspecto de la escena.

En efecto, esta es la postura que se halla en los trabajos de Scodel (2009: 160-172) y Currie (2016: 18 y 95). Ambos de una manera u otra adaptan el enfoque analítico de la versión original sin Fénix, el segundo sugiriendo que los duales apuntan a la modificación de esa versión, la primera proponiendo que sirven para enfatizar lo inesperado de la presencia de Fénix. Las hipótesis no parecen convincentes: la idea de que la audiencia captaría la grosera sutileza del uso del dual como un recurso sin indicación alguna respecto a la función de ese recurso resulta extraña, habida cuenta de que el poeta iliádico es más que capaz de ser sutil sin ser tan torpe. Al mismo tiempo, como puede verse, ambos enfoques dependen de postular una “versión original”, y semejante concepto es ajeno a una tradición oral.

Una segunda postura que ha adquirido algún éxito en las últimas décadas es asignar los duales a dos grupos, los embajadores y los heraldos (cf. Di Benedetto, 1998: 379-380; Heiden, 2002: 441-444). En sí misma, esta hipótesis no es inaceptable, pero de los ejemplos que se han aducido para defenderla (2.123-124, 5.485-489, 16.371, 17.387 y 23.443) el único admisible es el primero, y la referencia a “ambos bandos” es allí infinitamente más sencilla y obvia que el referente anónimo del pasaje de 9 (cf. también el caso de 17.388, algo más misterioso pero susceptible de la misma interpretación). Además de esta dificultad lingüística, ya de por sí considerable, la propuesta adolece del mismo problema que la presentada por Segal: al ser uno de los grupos el de los heraldos, estos estarían siendo llamados por Aquiles “los más queridos de los aqueos”, algo que resulta muy poco razonable.

Como puede verse, por lo tanto, la situación no es ahora mejor que hace dos mil años en la comprensión de este problema, lo que no significa que los debates hayan sido inútiles. Si hay algo fundamental que la multiplicidad de argumentos que se ha presentado permite concluir es la excepcionalidad absoluta de estas líneas en el corpus conservado y la ausencia casi total de paralelos para ellas. Contra la postura de autores que las consideran la excepción que constituye la regla o la prueba para un tipo de aproximación al texto, un mínimo conocimiento de método científico debería hacer evidente que nada erigido sobre ellas puede sostenerse, porque la esencia del conocimiento científico es la repetibilidad, y este pasaje es el más irrepetible de la épica griega.

Si vamos a encontrar una solución para la cuestión de los duales del canto 9 (y debo declarar mi casi total certeza de que jamás tendremos una definitiva), debemos partir de lo que sabemos de la poesía homérica. Entiendo que Hainsworth ha avanzado en esta dirección al reconocer el carácter formulaico de las expresiones en donde se encuentran algunos de ellos (9.182 ≈ 1.327, 9.185 = 1.328, 9.192a = 10.469a, 9.196a  = Od. 4.59a). Esto permitiría sugerir que al menos los que están en boca del narrador son producto de un reflejo formulaico y, como sugiere Segal, estarían aludiendo a los heraldos o se extraerían del hecho de que este tipo de misiones o escenas involucraría regularmente dos embajadores (cf. 1.318-333, 11.139-140, 767-772). Este tipo de reflejos no son por cierto demasiado habituales, pero tampoco son tan extraños como para resultar del todo inesperados aquí (VER ad 2.751, VER ad 7.166, VER ad 24.545, VER Com. 3.255, VER Com. 13.267).

Es posible dar cuenta a partir de esta explicación de los duales hasta el verso 192, que marca el final del viaje de los heraldos. Las formas de 196-198, sin embargo, requieren una solución un poco más compleja, asumiendo una combinación de dos factores: el uso del número en los versos anteriores, que lo mantiene en la mente del poeta, y el hecho de que Aquiles recibe a sus visitantes, Áyax y Odiseo (los φῶτας de 195), pero no a su súbdito, Fénix, que entra a su tienda sin ningún tipo de ceremonia. Se respeta con esto la intuición de incontables críticos que han entendido que los Ἀχαιῶν φίλτατοί deben ser Áyax y Odiseo y que el personaje prescindible en este segmento es Fénix, pero se justifica esto en un motivo más adecuado que la existencia de una imaginaria “versión original”: no hay realmente motivo para que Aquiles reciba especialmente a Fénix, que sería un visitante regular de su tienda (y, de hecho, se quedará en ella al final del episodio – cf. 658-662).

Como puede verse, esto supone una explicación compleja del fenómeno, con un motivo para un grupo de formas y otro para otro, pero entiendo que este es el único tipo que no se ha intentado hasta ahora y es también el único que no me resulta del todo inadmisible, por no mencionar que sirve para justificar la profunda dificultad del pasaje y la insostenibilidad de las soluciones que se han ensayado. Si no fuera por 196-198, hace mucho que la idea de un reflejo formulaico se habría consolidado entre los críticos, como ha sucedido, mutatis mutandis, por ejemplo, con el problema del “héroe enojado” de 6.325-331 y 13.458-459 (VER ad 6.325, VER ad 13.460). A la inversa, sin los duales anteriores, 196-198 admiten más interpretaciones de las que necesitamos para explicarlos. Es la coexistencia de ambos fenómenos, uno en boca del narrador y otro en boca del héroe (o hablando del héroe en el caso de 196), lo que hace realmente irresoluble la cuestión, y no parece, por lo tanto, una determinación metodológica tan radical asumir que es un mero accidente y no un rasgo esencial del pasaje. Por supuesto, el uso del primer grupo de duales puede haber tenido un papel en inspirar el uso del segundo, pero esto es inconsecuente: una vez que se acepta que se trata de fenómenos independientes, la cuestión deja de presentar la opacidad que la ha caracterizado por cientos de años.

No espero, desde ya, que esta aproximación convenza a demasiados críticos. No obstante, y sin considerarla elegante en sentido alguno, entiendo que no adolece de las dificultades de las otras que se han ensayado, y solo requiere el (por cierto no menor) esfuerzo de aceptar transgredir el principio metodológico de que una explicación simple es mejor que una explicación compleja. Dado que ese principio solo puede mantener su validez cuando una explicación simple está disponible, no hay nada que impida abandonarlo en este caso.

  • Chantraine, P. (1953) Grammaire Homérique, Vol. 2, Paris: Librairie C. Klincksieck.
  • Currie, B. (2016), Homer’s Allusive Art, Oxford: Oxford University Press.
  • Debrunner, A. (1926) “Zum erweiterten Gebrauch des Duals”, Glotta 15, 14-25.
  • Di Benedetto, V. (1998) Nel Laboratorio di Omero, Torino: Piccola Biblioteca Einaudi.
  • Griffin, J. (1995) Homer. Iliad IX, Oxford: Clarendon Press.
  • Hainsworth, B. (1993) The Iliad. A Commentary, vol. III, Cambridge: Cambridge University Press.
  • Heiden, B. (2002) “Hidden Thoughts, Open Speech: Some Reflections on Discourse Analysis in Recent Homeric Studies”, en Montanari, F. (ed.), Ascheri, P. (col.) Omero. Tremila anni dopo, Roma: Edizioni di Storia e Letteratura.
  • Leaf, W. (1900) The Iliad, edited, with apparatus criticus, prolegomena, notes, and appendices, London: Macmillan.
  • Martin, R. P. (1989) The Language of Heroes. Speech and Performance in the Iliad, Ithaca: Cornell University Press.
  • Nagy, G. (1979) The Best of the Achaeans: Concepts of the Hero in Archaic Greek Poetry, Baltimore: Johns Hopkins University Press.
  • Scodel, R. (2009) Listening to Homer. Tradition, Narrative, and Audience, Ann Arbor: The University of Michigan Press.
  • Segal, C. (1968) “The Embassy and the Duals of Iliad 9.182-98”, GRBS 9, 101-114.
  • West, M. L. (2011) “The Gardens of Alcinous and the Oral Dictated Text Theory”, en Hellenica. Selected Papers on Greek Literature and Thought, Oxford: Oxford University Press.

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